lunes, 19 de marzo de 2012

176º paso en el búnker



En los supermercados de barrio cada vez es más habitual toparte con escenas que malamente esconden la miseria. Hoy en la cola del cajero tenía delante a una anciana con evidentes signos de indigencia, con ropas desgastadas, higiene ausente, ojos de mirada suplicante. Llevaba en brazos una botella de aceite de girasol y un paquete de harina. En total, apenas dos euros. Ha tenido que rebuscar entre sus harapos para encontrar hasta el último céntimo. Algunos en la cola mostraban evidentes signos de incomodidad ante la escena. La cajera, muy paciente, cariñosa y profesional, le ha ayudado a dar con la cantidad exacta de su compra. La anciana solo acertaba a decir gracias, gracias, gracias. Una vez recogido el ticket, ha ido a meter el paquete de harina a una bolsa y se le ha escurrido de las temblorosas manos, tapizando el suelo de un blanco nicho. La cajera le decía que no se preocupara, que le traían otro paquete de la estantería, que se encargaban ellas de recoger y limpiar, pero la anciana se ha puesto de rodillas para intentar meter lo derramado dentro del paquete. Hemos tenido que levantarla casi a la fuerza mientras repetía: gracias, gracias, gracias.


4 comentarios:

Gonzalo dijo...

Buf...

Así es. Cada vez más habitual.

Interruptor dijo...

Yo vi hoy a una pareja rebuscando en los contenedores que hay ante la puerta lateral del supermercado.

A veces duele mirar a la vida de frente.

Tbo dijo...

No comment

pcbcarp dijo...

Una sociedad que se desentiende de sus viejos no tiene derecho a existir. Si la familia tiene posibles, los coloca en residencias y, si no, los abandona. Abocados a la extinción.