martes, 7 de mayo de 2013

223º paso en el búnker.



Mover las cosas de sitio. Movernos tras las cosas. Mudanzas. Vaciar los teatros que fueron escenario de actuaciones irregulares. Llenar otros nuevos con una presencia que no deja de ser la misma, aunque quizá consigamos engañar a los ojos que la miran. Cambiar la pintura del techo, jugar con los espacios, trasladarnos por el mapamundi en busca de una casilla que lleve nuestro nombre inscrito. A veces se logra  la resignación, el cansancio que viste siempre con pijama a rayas, y escucha la radio por las noches. Los trotamundos prefieren tener todas las fichas en la mano antes de elegir jugada, generalmente cuando ya es demasiado tarde para ganar. Los sedentarios apuestan antes de saber las posibilidades del juego. Luego les llega la nostalgia de lo que desconocen, de lo que pudo ser. Estar callado muchas veces es una obligación. Arrastrar cajas es un castigo del pasado. Enfrentarte a una nueva pared. Mientras. Durante. Nadie se mueve a la velocidad de la vida. En el ritmo está el secreto, en saber desplazarse y en estarse quieto.

1 comentario:

Fernando Martínez Urarte dijo...

Ya sabes lo que dicen... "Nunca es tarde si la dicha es buena."