lunes, 14 de septiembre de 2026

Escenas con escopeta recortada -16

 


Lo supe a temprana edad. Alguien alargó su mano, y donde los demás ven dedos, a mí se me representaron balas del calibre 338 Lapua Magnum. Me atrae la caza mayor a larga distancia. Todo gremio tiene sus códigos. El de los asesinos a sueldo, también. Es deseable que cada disparo mejore el mundo de mierda por el que nos arrastramos. Un sicario debe preguntarse cada mañana si está dispuesto a que alguien lo mate sin miramientos. Si la respuesta es no, debe dejar este trabajo de manera fulminante. Por honestidad. La malicia es inocencia más tiempo. Cuando matas al inocente, impides que el tiempo se haga con las riendas. Alguien podría decir que intelectualizo el crimen para saltarme los limites de moralidad y humanidad básicos. Puede ser, pero no más que los demás con sus actividades que no prolongarán ni un solo segundo la vida de nadie. Todo está escrito, incluso la mano ejecutora que elimina a los personajes de la historia, tiene los renglones contados. Y así debe ser. Nadie es libre, nadie tiene un papel más importante que otro. La película se acaba sin que la pantalla se vea afectada para bien ni para mal. La pantalla no es crítico de cine. En mi último encargo tuve que dar pasaporte a un ejecutivo de una empresa farmacéutica. No tienen buena fama. Pero peor fama tienen las enfermedades. Había incumplido un código, en opinión de quienes me pagaron. Pero quién sabe. No pregunto más que lo necesario. Solo me cuido de que no vayan acompañados de sus hijos en el momento de verse las caras con Dios. Reconozco mi cobardía; los niños son capaces de mirar de una forma que te traspasa. No juzgan —ojalá lo hicieran—; es asombro lo que expresan sus ojos.

 

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