miércoles, 7 de octubre de 2026

Escenas con escopeta recortada -17

 


Solo los elegidos son capaces de pasar con naturalidad por encima de un cadáver tendido en el umbral de una puerta. Pero si necesitas salir, se sale y si necesitas entrar, se entra. Un cadáver es material para el contenedor de orgánico. El ayuntamiento premiará mi espíritu de reciclaje. No hacemos otra cosa los elegidos que salvar planetas con la reducción sistemática de la población humana, tan devastadora con el medio ambiente. Suena a cachondeo, y quizá lo sea, pero un coeficiente intelectual medio no debe tomarse en serio ninguna de las actividades humanas previstas o imaginadas. La vejez puede aparecer a los doce años. Ese fue mi caso. Eres viejo porque ignoras los dolores que te asaltan, los tratas como compañeros que han venido para quedarse. Sabes que no habrá forma de echarlos y decides seguir adelante no atendiendo a sus aullidos. Un viejo como yo sigue una regla muy sencilla: no esperar nada de la vida porque no hay vida ahí fuera. Para demostrarlo mato a menudo, con cierta frivolidad sobrevenida de ver caras muy graves intentando entenderlo. No puedo echarme atrás. Quienes tienen escrúpulos se dan mucha importancia. Lo que ocurre no le ocurre a nadie y nadie es autor. No hay vida de autor, solo existencia que parece moverse. Necesito matar como otros necesitan amar. Si he de ser sincero: necesito que me maten tanto como otros necesitan ser amados. El parloteo de la mente cada uno lo acalla como puede o como sabe. A mí no me sirven la bondad, el éxito, el alcohol, las drogas, el arte, el sexo o la fe. Consigo la paz, por desgracia siempre pasajera, quitando la vida del rostro de mi prójimo. No mato al azar, pero llegado el caso, también lo haría. Elijo a mis victimas por un subjetivo criterio sobre su incapacidad para ser felices. El cadáver yacente en el umbral de la puerta es mi último desahogo. Qué puedo decir; se cruzó en mi camino este agente de seguros. Fue una lástima, que según él, mi póliza no cubriera los daños causados por la tormenta eléctrica que reventó el cableado de mi casa de montaña. No he discutido demasiado. Voy a quemar la casa con él dentro y huiré del país una temporada, quizá a República Dominicana, donde muchos políticos corruptos patrios guardan su capital de jubilación. Tengo ganas de toparme con alguno de ellos en uno de sus viajes relámpago. 


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