domingo, 21 de julio de 2019

Vodevil




Sí señora, este es el teatro donde se ha interpretado el magnífico vodevil entre la piedra angular (Pedro) de la socialdemocracia nacida de primarias y la coleta que se cayó del caballo (Pablo) para ir a abrevar al socialismo del siglo veintiuno. No sea tímida y acérquese al escenario. Toque usted la tarima donde ocurrió la magia, o mejor dicho; el truco. Llévese un trozo como reliquia. Hágase un colgante. Esto es histórico. Esto no lo predijeron los Simpson. Señora, España es jugadora. Solo juegan los que tienen algo que perder. España tiene mucho que perder. A doble o nada, señora. Si es doble, volverá a jugar, porque ningún jugador lo deja cuando gana. Lo cierto es que el jugador juega para perder, hasta que no pierde no para. Y España acabará perdiendo. Entonces se estirarán los dedos índice para señalar culpables. Cuando pierdes buscas culpables. La culpa son los otros. Y les quitarán lo que tengan ahorrado para volver a jugar y a perder. Porque cuando juegas con desesperación no hay posibilidades de ganar. A España le gusta jugar, señora, y necesita perder por la cosa de la tragedia, tan nuestra, tan hambrienta de sangre propia, como una transfusión envenenada. Calle un momento, señora, escuche el eco aún vibrante del aplauso desde la platea. Nos gusta aplaudirnos la cara.  



martes, 14 de mayo de 2019

Jep Gambardella.




"Puestos a odiar, seamos ambiciosos". Un tipo atildado el tal Jep Gambardella, un dandi circunspecto, avispado y desencantado con la especie humana. No puede ser de otro modo cuando observas con distancia y aceptas lo que ves sin discutir, por no darle importancia. Un tipo que lucha contra la neurosis infecciosa, y no está dispuesto a tapar sus deseos ni sentimientos con convenciones sociales que ya le importan un higo. Un escritor de pies a cabeza que no necesita escribir. Un libro es más que de sobra. Chaquetas de colores chillones y la cara como la de un bulldog volviendo de la ópera son su carta de presentación ante desconocidos que se llevan de él, como de todos nosotros, la mejor parte. Qué tendrán los desconocidos que nos caen tan bien. No nos conocen, y gracias a ello, podemos ser nosotros mismos sin los prejuicios a los que nos hemos postrado. ¿Se parecerá el mundo a como lo experimenta Gambardella? Quién sabe si el mundo se parece a su madre o a su padre. Más tarde o más temprano nos convertimos en seres apesadumbrados por la razón que él esgrime: La nostalgia es la única distracción para quien no cree en el futuro.


viernes, 19 de abril de 2019

Vuelos rasantes




Nieva sobre las aceras negras. La enfermedad traspira por el tabique. Esta tarde me quedo en casa y hago números para llegar a fin de mes sin tener que robar. Recibo un mensaje en el móvil. Es Veni...

Vuelos rasantes de Luis Amézaga


domingo, 24 de febrero de 2019

VUELOS RASANTES



Si buscas estados alterados de conciencia y no asimilas bien el LSD, te aconsejo que acompañes a los personajes de este libro en sus vuelos rasantes. Frida Cerain, controlando a sus demonios, vigilará de cerca los secretos de Daniel Seijo. Roberto y Fausto viven pared con pared a la espera de que el destino juegue con ellos. ¿De dónde ha salido Anne Horcajada, y qué pretende? El poeta Venancio ¿quiere un hermoso cadáver o una inmortalidad retórica? ¿Es Ayli Maine una asesina? Jesús Mari y sus paraísos perdidos. Ariel se mueve con agilidad por los limbos de la existencia. El inspector Morgado se topa con un "nadie" que le da dolor de estómago. Los protagonistas de "Inocencia" no tienen nombre porque quizá no sean tan inocentes.





martes, 12 de febrero de 2019

Arco de seguridad.




Pasas por el arco de seguridad tras dejar tus pertenencias en una bandeja. No se fían. Somos muchos y el porcentaje de locos violentos aumenta en estos edificios. Coja número. Espere su turno. La persona parapetada tras el mostrador te pregunta por la razón que te lleva a molestarla. Los funcionarios de la Administración dan miedo. Ellos pueden ponerle un sello a tu condena, pueden rechazar el trámite a la felicidad. Le digo que mi padre ha muerto, que necesito un certificado de defunción. Me mira, me pide el carné. Me pregunta por el día de la muerte. Se lo digo y en el ordenador no sale, y si ahí no sale no estás muerto, que lo sepas. Me mira con atención, ¿no te habrás equivocado de fecha? Me hace dudar. Ellos siempre tienen razón. Reviso mi memoria. Creo que es ese día. Pues no me sale. Uyy, espera, me dice, que me he confundido al indicar el año. Sonríe. Maldita la gracia. Me da el certificado que oficializa la muerte del padre. Ya puedo irme. Otro será quien venga a solicitar mi certificado. La Administración escribe tu biografía de manera tan abreviada que ya eres polvo.



lunes, 21 de enero de 2019

Venusianos



Esta noche miles de venusianos de un suburbio de la sección 57 del hemisferio sur se han despertado con un imprevisto y desconcertante acontecimiento en sus cielos. Muchos hablan de ovnis, de terrícolas con gordas cabezas y caras de cristal, como hinchados, y con jorobas exageradas. La segunda piel, según los testigos, era reflectante. El resto de la población escucha las declaraciones convencida de que su mundo se está volviendo loco, que al venusiano medio se le va la olla, o que el aburrimiento le anima a inventar historias de ciencia ficción con visitantes terrícolas como protagonistas. Todo el mundo sabe que ese planeta azul está despoblado de vida inteligente. En él solo hay basura y restos orgánicos de seres primarios incapaces de no matarse entre ellos. O al menos eso dicen las tertulias del más allá.