viernes, 27 de febrero de 2026

Escenas con escopeta recortada -10

 


El odio es un motor de vida que nunca se gripa. Por el contrario, el amor tiene puntos flojos, depende de las circunstancias y de que sea recíproco. El que odia ya nada tiene que perder y quiere arrebatar —a ser posible con dolor— lo que los demás atesoran como importante. No es quitarles el dinero o las cosas que estiman, es arrancarles la dignidad y la sensación de que son buenas personas. No es una labor difícil, pero sí prolongada en el tiempo. Ella, en su momento, supo ser hija, hermana, esposa y madre. Pero no sabía responder a la pregunta de <<quién soy yo>> y odiaba por ello a padres, hermanos, pareja e hijos. Les hizo sentirse culpables de todas las maneras retorcidas que se le ocurrieron. El odio es matemática pura, un mundo de soledad solo para genios constantes en el arte de la destrucción. Toda operación da cero. La justicia es ésa. Al marido lo convenció de que le había puesto los cuernos con su hermano, y que el tío era en realidad el padre de sus hijos. A sus padres los demandó por maltrato y abusos. A sus hermanos los difamó entre amistades y compañeros de trabajo. A sus hijos los abandonó en varias ocasiones y aprovechaba cualquier escena para recordarles que no los quería. Extendió entre los suyos un veneno mortal. Dormía a pierna suelta. Nada bueno esperaban de ella y nada bueno hizo. No sabía quién era, pero se lo hizo pagar bien caro a los que van por la vida con el orgullo de creer que sí saben dónde van y quiénes son.

 

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